¿Es el capitalismo realmente malo para el mundo?

 Comentario

Según el politólogo de Harvard Francis Fukuyama, la caída de la Unión Soviética significó el fin de la historia.

La historia moderna, sostuvo Fukuyama en la década de 1990, se definió como la lucha entre dos sistemas fundamentalmente opuestos: el comunismo soviético y las democracias capitalistas liberales.

El comunismo había perdido, el Muro de Berlín cayó, y se creía que el mundo solo se volvería cada vez mejor.

Algunas cosas sucedieron en el camino, aparecieron los extremistas como el Islam radical, el 11-S y los 20 años de guerra de Estados Unidos en el Medio Oriente. La historia no es tan complaciente como uno podría esperar.

El mensaje de Davos

Sin embargo, de una encuesta reciente -y justo a tiempo para el Foro Económico Mundial de Davos- aprendemos que la mayoría de la gente en el mundo no cree que el capitalismo de las democracias occidentales sea la mejor ruta para el futuro.

El punto clave que motiva la encuesta tiene que ver con la cuestión de la creciente desigualdad en todo el mundo, con la pregunta: “¿El capitalismo tal y como existe hoy en día hace más daño que bien en el mundo?”

Esa es sin duda una pregunta capciosa, pero la respuesta no es tan simple como la mayor parte del mundo piensa que es.

Los resultados de la encuesta, en la que se interrogó a más de 34,000 personas en 28 países, desde Estados Unidos y Europa hasta Rusia y China, son predecibles. La conclusión fue que el 56 por ciento de los encuestados considera que el capitalismo hace más daño que bien en el mundo. (No se lo digas a nadie, pero Rusia es ahora una de las naciones más desiguales del mundo).

Pero podemos ver por la cifra del 56 por ciento de la percepción negativa del capitalismo no es realmente definitiva. De hecho, dado que la mayoría de las naciones que expresaron la mayor desconfianza en la democracia capitalista son antidemocráticas y/o tienen altos niveles de corrupción, la encuesta es más bien decepcionante.

Quejas de los corruptos

Más concretamente, es solo una nueva ronda de quejas por los sospechosos habituales de siempre. Alrededor de tres de cada cuatro tailandeses e indios criticaron el capitalismo occidental, mientras que los franceses se expresaron con un porcentaje ligeramente inferior de sentimientos negativos. En particular, otros resultados de encuestas negativas vinieron de naciones asiáticas, del Golfo, africanas y latinoamericanas.

¿Deberíamos preocuparnos por estos resultados?

En realidad no. Naturalmente esos países quieren culpar a las naciones más exitosas por sus propios problemas. Esa es una buena política para aquellos pocos privilegiados que están en la cima que desean mantener su poder, riqueza y estatus a expensas de su gente.

Por otro lado, ¿adivinen qué países tienen mayorías que creen que el capitalismo hace más bien que mal? La respuesta es predecible: Estados Unidos, Canadá, Australia, Corea del Sur, Hong Kong y Japón.

Pero, ¿qué debemos hacer con la creciente desigualdad en el mundo o, para el caso, aquí mismo en Estados Unidos?

Mirando a la desigualdad

Históricamente, la desigualdad aumenta y disminuye en Estados Unidos. Mucho depende de las políticas establecidas de un cierto período de tiempo a otro.

Por ejemplo, cuando las leyes dificultan el arranque de un negocio por medio de una reglamentación demasiado excesiva y de impuestos elevados, la creación de empresas se ralentiza y hay menos puestos de trabajo disponibles. Las políticas de la Reserva Federal afectan también el panorama económico de manera poderosa.

Pero el simple hecho de señalar con el dedo a quien posee la mayor parte de la riqueza, aunque sea algo relevante, no lo revela todo. También hay otra manera importante de ver la desigualdad.

Por ejemplo, parece que Jeff Bezos de Amazon se está haciendo más rico cada año. Su negocio está creciendo a pasos agigantados. (No estoy discutiendo a favor o en contra de Amazon aquí, por cierto).

Pero Amazon también está contratando más y más trabajadores-y, sí, usando drones, también. Pero los drones también tienen que ser fabricados por alguien. El punto más importante es que los trabajadores de Amazon, y muchos otros, tienen trabajos que no tenían antes, y probablemente estén mejor con su trabajo en Amazon que sin él.

Claro, la riqueza de Bezos está creciendo más rápido, pero ¿y qué? Relativamente hablando, la riqueza de miles de personas está creciendo en comparación con su nivel de riqueza en un trabajo de menor remuneración o sin trabajo alguno.

Es más, los que trabajan en Amazon tampoco tienen que permanecer en ese nivel. Vale la pena recordar que Bezos trabajó una vez en MacDonald’s. La oportunidad de mejorar la posición económica personal es una gran ventaja de la “desigualdad” siempre y cuando la oportunidad abunde.

Para garantizar la igualdad se necesita un estado muy poderoso y duras penalizaciones por salirse de la línea. La clave está en mejorar la igualdad de oportunidades, no en garantizar la igualdad de resultados.

La mayoría de las naciones tienen una alta desigualdad

O, como sucede en la mayor parte del mundo, si el sistema judicial de una nación es corrupto y está altamente politizado, sirviendo a los que están en el poder en lugar de ser transparente y justo, el crecimiento económico y las oportunidades son sofocados. La desigualdad y la pobreza aumentan.

Esto se debe a que solo aquellos que tienen el dinero para sobornar pueden permitirse estar en el negocio y evitar que los competidores del mercado entren en el mismo. Así es como funcionan muchas, si no la mayoría, de las naciones del mundo, incluyendo a los que se quejan que hicieron que esta encuesta mencionada aquí se leyera de la manera en que se lo hace.

También vale la pena recordar que, a diferencia de la mayoría de los países capitalistas, donde los ricos se vuelven poderosos, en las naciones comunistas, los líderes y burócratas del Partido Comunista -la pequeña minoría poderosa en la cima- son los que se hacen ricos.

La brecha de la desigualdad de la riqueza entre los miembros del Partido y el resto de la gente es enorme. Vivir en palacios, ir de compras a las tiendas más lujosas y viajar como estrellas de rock fue, y sigue siendo en los países donde persiste el comunismo, la vida misma del Partido. La constante escasez de alimentos, la rezagada innovación tecnológica, la pobre atención médica y pésimos niveles de salarios fueron la suerte de la gran mayoría de la gente sobre el cual los soviéticos gobernaron con mano dura en nombre de la igualdad.

Cuando cayó el comunismo soviético, las economías democráticas liberales de Occidente demostraron ser superiores en cuanto a proporcionar mejores condiciones económicas, mayores niveles de oportunidad para adquirir riqueza y más innovación en todo el espectro tecnológico. En general, eran simplemente mejores en cuanto a proporcionar una vida mejor para su gente.

Precisamente por eso, en la década de 1990, la gente quería dejar esos países fracasados y ir a … y esperar por …

Las democracias liberales occidentales. Y tristemente, para la mayor parte del mundo, esa realidad permanece hoy en día.

James Gorrie es un escritor y conferencista basado en el sur de California. Es el autor de “La crisis de China”.

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