Visitando el sepulcro de mi madre en Manzanillo

La sentencia de un año de cárcel al administrador del cementerio de Manzanillo por el delito de exhumación ilegal de cadáveres no responde a ninguna de las interrogantes que cualquier persona decente se haría acerca del deterioro del cementerio de Manzanillo.

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Me doy cuenta que, la sentencia de un año de privación de libertad al anterior administrador del cementerio de Manzanillo por el supuesto delito de exhumación ilegal de cadáveres, no sólo no resuelve el drama de una familia que aun no sabe donde están los restos de su ser querido, sino que no responde a ninguna de las interrogantes que cualquier persona decente se haría acerca del deterioro del cementerio de Manzanillo.

¿A qué se dedicaron todo este tiempo las autoridades que tienen que controlar y supervisar los servicios necrológicos en esta ciudad? ¿Por qué nunca respondieron a la carta de Aquiles, el antiguo administrador, advirtiendo sobre el estado de abandono del lugar? ¿Profundizaron durante el juicio acerca del cumplimiento o no de los protocolos -si es que existen-, para el traspaso de las funciones de un administrador a otro en el cementerio? ¿Qué responsabilidad administrativa, colateral o penal, tienen quienes deberían supervisar el cumplimiento de los protocolos en el cementerio de Manzanillo y preservar los bienes públicos y de valor patrimonial que allí se atesoran?

En un reporte del periódico provincial de Bayamo, La Demajagua, del 22 de Junio del 2017, titulado “Presentarán candidaturas de instituciones manzanilleras a Monumentos Nacionales” (http://lademajagua.cu/presentaran-candidaturas-institucion…/) aparece escrito que: “Entre los criterios que sustentan la proposición del camposanto de la ciudad del Golfo de Guacanayabo (se refiere a manzanillo, N de la R) está el viable estado de conservación arquitectónica, de notables valores históricos y artísticos para la nación cubana. Para resaltar esos motivos, la instalación se sometió entre Septiembre y Noviembre de 2016 a un proceso de mantenimiento de las áreas y cuya inversión superó el millón de pesos, destinado a las 85 piezas esculpidas en Mármol de Carrara, Italia. Solo resta la pavimentación de las zonas A y B, sitios donde se ubican las estatuas de mármol”.

¿Cómo es posible que apenas tres meses y unos días después de este reportaje de La Demajagua, la necrópolis de Manzanillo esté en el estado deplorable en el cual la encontré hoy? ¿Quiénes responden ante la población? Me pregunto.
Ya de salida una mujer llegada de no sé donde, se me acerca y me dice con un hálito frío: “El caso de la señora no es el único cadáver que se ha perdido, siga indagando, investigue…”

Cuando arranca la moto que me trae al multi-servicio de ETECSA donde accedo a la Internet, me asalta la duda: ¿Serán en verdad los restos de mi madre y mi abuelita los que están en la tumba que he visitado esta mañana?”

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