Una inesperada lección de bondad

Estaba en el aeropuerto y encontré una buena oferta en el precio de las donas. Así es que compré 5 de ellas y mientras esperaba la llamada para mi vuelo, me senté a leer el periódico y comencé a leer la sección de negocios.

Vino un sujeto y se sentó frente a mi.

Un poco más tarde escuché el ruido de una bolsa de papel sobre la mesa. Levanté la cabeza y vi al sujeto metiendo su mano en la bolsa de donas. Fue un poco extraño pero el individuo parecía un mendigo, y tal vez la necesitaba más que yo. También yo tomé una dona y me puse a comerla.

Retomé el periódico y me puse a leer la sección social cuando en eso escuché de nuevo el ruido en la bolsa de donas sobre la mesa. Así es que miré de nuevo y el sujeto estaba sacando otra dona de la bolsa. ¡De nuevo!

Le dio una mordida a la dona y pienso: ¡Pero qué cara!

Me estaba comenzando a molestar pero ya yo había establecido un precedente al aceptar la primera vez, así que sentí que no debería decir nada. Alcancé la bolsa con un poco más de agresividad, le di un mordisco a la dona… Y sacudí mi cabeza en señal de desaprobación pero sin darle más importancia al asunto.

Pasaron unos minutos y anunciaron el próximo vuelo por los altavoces. El sujeto recogió sus cosas, llegó al final de la mesa y se detuvo. Yo lo observaba con el rabillo del ojo cuando alcanzó la última dona en la bolsa. Gesticulé pensando: “¿En serio?”

El individuo me miró, partió la dona y me dio una mitad.Tomé mi mitad sin pensar en lo que sucedía. El hombre brindó con un ligero gesto, sonrió y salió caminando.

Así es que mientras estaba sentado pensando en lo absurdo de la situación escuché la llamada de mi vuelo. Me levanté, tomé mis cosas, tomé mi chaqueta y… ¡debajo de la chaqueta estaba mi bolsa de donas!

No sólo estuve todo el tiempo comiéndome las donas del hombre que no dijo nada aunque yo pensara mal de él, pero además, ¡tomó su última dona y me dio la mitad!

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