Un ex-presidiario con extraño orgullo

    Han ubicado un nuevo centro penitenciario justamente a menos de quinientos metros de La Demajagua -con el mismo nombre y todo, al principio-, como el contrastante símbolo de una cárcel para “presos de confianza” por delitos económicos, en el mismo sendero del Altar de la Patria donde Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de La Patria, comenzó a romper los grilletes de los cubanos.
El Hombre en la avenida Narcizo López Foto Giordan Rodriguez Milanes
El Hombre en la avenida Narcizo López. Foto: Giordan Rodríguez Milanés

Mientras en el noticiero hablan de sequía y del Día Mundial del Medio Ambiente, El Hombre, bajo el único amparo de un viejo sombrero de yarey, mira hacia la cumbre y dice con desprecio: “¡Y pensar que yo cumplí prisión por un por un par de sacos de harina!”.

Lo miro y sonrío. Hay días en que uno quiere, sencillamente, seguir su camino.

Al llegar a la siguiente cuadra, el Hombre se me adelantó un poco, y me pregunta: “¿Cuánto valdrán dos sacos de harina?”

“No tengo idea”, le respondí, “supongo que un poco en el mercado empresarial y un pocotón en el mercado negro”.

“¿Valdrá menos que el agua que se está botando aquí ahora mismo?” Y noto en su tono cierto reto. “Si yo cumplí 18 meses por dos sacos de harina, ¿cuánto deben cumplir los responsables de esta estafa de acueducto? Y me señala el enorme caudal que baja por las calles transversales hacia la avenida Narcizo López cada vez que ponen el agua para la parte alta de la ciudad, ahora cada dos o tres días, en condiciones normales.

Anoche mi amigo Delio Orozco me ha contado acerca de un nuevo centro penitenciario que han ubicado justamente a menos de 500 metros de La Demajagua -con el mismo nombre y todo, al principio-, como el contrastante símbolo de una cárcel para “presos de confianza” por delitos económicos, en el mismo sendero del Altar de la Patria donde Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de La Patria, comenzó a romper los grilletes de los cubanos.

Cabrían en todos los autores de dislates como el acueducto de Manzanillo en “centros de confianza” como la nueva prisión de La Demajagua?- me pregunto.

Nos separamos cuando llegamos a la esquina de la telefónica: yo, sumido en mis extrañas cavilaciones sobre la guerra de los símbolos, el periodismo y el futuro de Cuba, y El ex-presidiario, como se autodenomina El Hombre con extraño orgullo, rumiándole su berrinche a una anciana que, ayudada por un bastón, trata de sortear un charco…

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