Manifestantes de Hong Kong son los verdaderos guerreros de la justicia social

Cuanto más tiempo escuchaba a la media docena de manifestantes del movimiento  democrático en Hong Kong describiendo sus vidas y objetivos, más pensaba que los autodenominados guerreros por la justicia social que impregnaban nuestros campus universitarios en Estados Unidos debían prestar mucha atención a estos jóvenes valientes.

TAIPEI, TAIWÁN — Estos hongkoneses son los verdaderos guerreros de la justicia social que luchaban por algo genuino -la democracia y la libertad- poniendo sus propias vidas y su futuro en juego. Hicieron que nuestros luchadores locales parecieran ser aspirantes revolucionarios infantiles, quijotes universitarios que luchaban contra molinos de viento que no existían hasta que los inventaron.

Steve Gates, el líder de nuestra delegación -el líder de nuestra delegación, un exconsejero adjunto de Seguridad Nacional y una antigua mano en Taiwán– estuvo diciéndo a los “jóvenes” de Hong Kong, como se denominaban a sí mismos, lo mucho que la juventud estadounidense tenía que aprender de ellos (claramente de acuerdo) sobre lo que supuestamente eran considerados nuestros valores. (Los hongkoneses conocen muy bien a gente como Jefferson y Franklin y lo que ellos representaban).

Nuestro pequeño contingente de medios de comunicación americanos, se encontraba en Taiwán para observar la elección presidencial el 11 de enero, y estaba sentado en una sala de conferencias de una iglesia presbiteriana de Taipei que, desde hace décadas, había estado involucrada en la batalla por tener un gobierno democrático en Taiwán, una lucha cuyo éxito fue subrayado por el entusiasmo electoral que estábamos presenciando en la isla. (Se calcula que esa noche una manifestación en favor del candidato presidencial del partido KMT, Han, congregó a unas 350.000 personas en las calles de Taipei. No puedo hablar por la exactitud de la cifra pero yo estaba allí cuando estaba empezando y había mucha gente).

Los manifestantes de Hong Kong fueron muy abiertos con nosotros, aunque se mostraron reacios a ser fotografiados por obvias razones. Son objeto de un continuo seguimiento y tener contacto con Americanos no los favorecería. Además tampoco los identificaré con su nombre.

Son hombres y mujeres jóvenes, que vinieron desde diferentes sectores de su movimiento de libertad. Además tenían el aspecto y el sentir de los jóvenes de Europa y Estados Unidos. Hubieran encajado fácilmente tomando un café en un Left Bank Café en medio de una seria discusión sobre arte y política. (Todos saben de todo en este mundo interconectado, es decir, si están dispuestos a aprender).

Unos pocos fueron elegidos recientemente como consejeros de distrito para los dieciocho distritos del consejo de Hong Kong. Para sorpresa y preocupación de Beijing, el ochenta por ciento de los ganadores de las recientes elecciones de distritos del consejo procedían del movimiento democrático. Las elecciones legislativas se celebrarán próximamente.

Así que estos manifestantes eran políticos novatos, ansiosos, como nos explicaron, de demostrar que lo que los maoístas denominaban el “camino capitalista” podía tener más éxito en la prestación de servicios para sus electores, a quienes describieron como “pragmáticos” y de todas las clases sociales.

Es un acto de equilibrio preguntar: ¿qué sigue? Sí, las manifestaciones continúan, pero ¿a dónde irán en última instancia? ¿Se puede evitar una represión? ¿Cómo se puede preservar el idealismo del movimiento democrático? Y finalmente, ¿cuál es el objetivo?

Un par de manifestantes que asistieron fueron un poco más extremistas que los otros. Favorecían la independencia de Hong Kong, un enfoque más idealista que parecía fuera del alcance de los demás, aunque todos estuvieron de acuerdo con esa intención.

Estos dos también estaban -permítanme ser preciso aquí- más abiertos a llevar las cosas por lo menos hasta el borde de la violencia, con el objetivo de exponer a los comunistas por lo que son.

Estas son la clase de rupturas que hemos visto en los movimientos revolucionarios desde tiempos inmemoriales. Pero este grupo no parecía estar en desacuerdo con los demás en lo más mínimo. Había una cálida camaradería. No se podía evitar sentirse impresionado por ellos. Y querer ayudar.

Roger L. Simon es un analista político senior para The Epoch Times. Su reciente novela es “La CABRA”.

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