Periodista chino reconocido explica por qué la censura del régimen ha empeorado la crisis del virus

Mientras el brote de coronavirus llega a un nivel crítico, el Partido Comunista Chino (PCCh) sigue intensificado su vigilancia y censura en Internet para eliminar los mensajes no autorizados.

“50 días del brote de Wuhan”: El pueblo chino está sufriendo la muerte de los medios de comunicación” fue uno de esos artículos compartidos en WeChat, la plataforma de redes sociales más popular de China. Pero rápidamente fue borrado por los censuradores del PCCh.

Chen Jibing, un renombrado profesional de medios y editor jefe de la sección de opinión del Shanghai Business Daily, fue el autor del artículo.

A continuación algunos extractos del artículo publicado el 27 de enero:

El 20 de enero, el momento decisivo

Después de haber trabajado con la prensa como una persona de  los medios durante casi 30 años, me preocupa el papel de los medios de comunicación en este brote que “repentinamente” arrasó con China.

Durante las reacciones de los medios de comunicación al brote del coronavirus, el 20 de enero fue sin duda un momento decisivo.

Antes del 20 de enero, los informes sobre el coronavirus provenían principalmente de los medios de comunicación oficiales locales de Wuhan [donde se presentó el virus por primera vez] y Hubei [provincia, donde Wuhan es la capital]. El punto clave de la mayoría de los informes podría resumirse en una frase: el virus era “ligeramente peligroso” y “controlable”. Por ejemplo, algunos expertos afirmaron que este nuevo virus no podía transmitirse de persona a persona.

Durante ese período, ocho ciudadanos de Wuhan recibieron advertencias de la policía en las redes sociales por “iniciar rumores” [sobre el virus]. Aunque el primer paciente apareció el 8 de diciembre de 2019, aparentemente durante los siguientes 40 días, los medios de comunicación no hicieron nada más que pacificar su audiencia.

La atmósfera era pacífica incluso en Wuhan, y mucho más en otras partes de China.

Pero después del 20 de enero, la situación tomó un giro drástico.

En un lapso de 3 a 4 días, la situación se intensificó hasta llegar a infecciones a gran escala. Wuhan anunció su cierre, pidió ayuda a muchas de las principales provincias y ciudades del país e inició una respuesta de primer nivel como una gran emergencia de salud pública.

Desde el 20 de enero, el compromiso de los medios de comunicación ha entrado en lo que yo llamo la segunda fase. Las características más destacadas de esta etapa, para utilizar palabras comúnmente utilizadas por el Gobierno: el principal campo de batalla de la opinión pública se desplazó hacia fuera de la provincia de Wuhan y Hubei, y las voces de los medios de comunicación oficiales locales se vieron sumergidas por una serie de historias de los medios de comunicación nacionales más poderosos.

Sin embargo, como esperaba, el otro punto clave de los informes de los medios de comunicación en esta etapa era mostrar determinación y elogiar a las buenas personas y las buenas acciones. En resumen, desde el 20 de enero, el tono principal de los medios de comunicación chinos ha cambiado de “pacificar” a “alentar” y “conmover” a su público.

Los medios de comunicación respondieron de manera diferente antes y después del 20 de enero, pero una cosa se mantiene en común: básicamente no hicieron lo que los medios de comunicación calificados deberían haber hecho.

Se silencia al personal médico y se detiene a los periodistas

La tarde anterior a la víspera del Año Nuevo chino (24 de enero), Wang Heyan, reportero de Caixin, un medio de comunicación privado chino, declaró en una publicación en Wechat que él y sus colegas lograron ponerse en contacto con varios médicos de un hospital de Wuhan para verificar las infecciones entre el personal médico. Sin embargo, se les informó que, por orden del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China, no se permite al personal médico hablar con los medios de comunicación sobre el brote, ni siquiera con la promesa de anonimato del reportero.

Esa misma tarde, otro reportero reveló que pasó por el Mercado de Mariscos de Huanan, la supuesta fuente del virus, para tomar una foto. Cuatro guardias de seguridad llegaron inmediatamente y le exigieron que borrara las fotos. Algunos incluso agarraron su teléfono y dijeron: “Ayer un reportero japonés vino a tomar fotos pero fue arrestado y enviado a la estación de policía.

Ese mismo día, un periodista de alto rango de un periódico de Hubei también fue castigado por revelar información sobre WeChat.

El precio de este tipo de política de silenciamiento significó que cada vez más se acumularan conflictos sociales y finalmente estallaran en una crisis importante como esta. Más grave aún, esta política no solo ha fracasado en estabilizar la sociedad, sino que avivó el pánico. Cuando finalmente se reveló la verdad y todo estalló, se produjeron consecuencias irreversiblemente dolorosas.

La muerte de las noticias veraces

Hace casi dos años por esta época, publiqué un artículo titulado, “La verdadera noticia es morir, pero lo que más asusta es que a nadie le importa”. He lamentado la medida en que los medios de comunicación de hoy en día han disminuido su capacidad de informar sobre acontecimientos importantes de gran interés público.

Escribí con fuerte ansiedad en ese momento: “Con el tipo de sentimiento público de hoy, si realmente tenemos que enfrentarnos a algo como el SARS [el brote que se produjo de 2002 a 2003] de nuevo, las consecuencias serían simplemente demasiado horribles de contemplar”.

Desafortunadamente, ocurrió en menos de dos años.

Mi mentalidad sigue siendo la misma de hace dos años. No acusaría a nadie de abandono del deber. No tengo ninguna ambición o aspiración de dar una solución a la situación actual. Sin embargo, creo que cuando vemos un peligro, siempre debemos señalarlo. Solo cuando más gente le preste atención y participe en las discusiones relacionadas, podrá haber un rayo de esperanza.

Ese artículo recibió más de un millón de opiniones en WeChat, subrayando las preocupaciones de los lectores sobre el tema en curso. Esto al menos es un consuelo para mí porque significa que todavía hay esperanza.

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