Obama fue el verdadero títere ruso

La evidencia circunstancial se está acumulando de que el Kremlin logró infiltrarse en los niveles más altos del Gobierno de Estados Unidos.

¿De qué otra manera explicar a un Presidente Americano recién elegido que:

– Disminuyó las defensas de los Estados Unidos

– Miró hacia otro lado después de un acto de agresión Rusa

– Aceptó un acuerdo nuclear ridículamente unilateral

– Se burló de la idea de que Rusia representa a nuestro principal enemigo geopolítico

– Acomodó las ambiciones nucleares ilícitas de un aliado ruso

– Dió la bienvenida a una cabeza de playa Rusa en el Medio Oriente

– Se negó a proporcionar armas a un país soberano invadido por Rusia

– Siguió la política conveniente a Moscú de hostilidad contra los combustibles fósiles

Todos estos puntos, por supuesto, se refieren a cosas dichas o hechas por el Presidente Barack Obama.

Para ponerlos en orden: volvió a establecer con Rusia poco después de su enfrentamiento con Georgia en el 2008. Concluyó el nuevo acuerdo START con Moscú que redujo nuestras fuerzas nucleares pero no las de ellos. Cuando el candidato Mitt Romney advirtió sobre Rusia en la campaña del 2012, Obama lo acusó de ser una reliquia de la Guerra Fría.

El presidente luego forjó un acuerdo con el aliado de Rusia, Irán, para permitirle preservar su programa nuclear. Durante el fiasco de la línea roja, él agarró con avidez un salvavidas de Rusia al precio de aceptar su intervención en Siria. Nunca cedió al darle a Ucrania armas “letales” para defenderse del ataque ruso.

Finalmente, Obama recortó los gastos de defensa de Estados Unidos y tomó medidas enérgicas contra los combustibles fósiles, una política que Rusia acoge con satisfacción, ya que su economía depende de los altos precios del petróleo.

Ponga todo esto junto, y es imposible concluir que Obama fuera un títere ruso, y no por un trato nefasto, sino por su propia ingenuidad y debilidad.

Lea el artículo completo aquí: Obama was a Russian stooge (En Inglés)


Original information in English
How else to explain a newly elected American president looking the other way after an act of Russian aggression? Agreeing to a farcically one-sided nuclear deal? Mercilessly mocking the idea that Russia represents our foremost geo-political foe?

– Accommodating the illicit nuclear ambitions of a Russian ally?

– Welcoming a Russian foothold in the Middle East?

– Refusing to provide arms to a sovereign country invaded by Russia?

– Diminishing our defenses and pursuing a Moscow-friendly policy of hostility to fossil fuels?

All of these items, of course, refer to things said or done by President Barack Obama.

To take them in order: He re-set with Russia shortly after its clash with Georgia in 2008. He concluded the New START agreement with Moscow that reduced our nuclear forces but not theirs. When candidate Mitt Romney warned about Russia in the 2012 campaign, Obama rejected him as a Cold War relic.

The president then went on to forge an agreement with Russia’s ally Iran to allow it to preserve its nuclear program. During the red-line fiasco, he eagerly grasped a lifeline from Russia at the price of accepting its intervention in Syria. He never budged on giving Ukraine “lethal” weapons to defend itself from Russian attack.

Finally, Obama cut US defense spending and cracked down on fossil fuels — a policy that Russia welcomes, since its economy is dependent on high oil prices.

Put all of this together, and it’s impossible to conclude anything other than that Obama was a Russian stooge — and not out of any nefarious dealings, but out of his own naivete and weakness.

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