Mayda Saborit | La relatora de las Naciones Unidas visita Cuba

    La dictadura cubana no abría las puertas de la gran cárcel a un relator o inspector independiente de la ONU desde el 2007, cuando el pasado 13 de Julio, casualmente cumpliéndose un aniversario más del macabro crimen de los Castro en el hundimiento del Remolcador 13 De Marzo, aquel caluroso día de verano de 1994. Arribó a la isla Virginia Dandan, no viajó a Cuba a enfatizar y recordar este crimen, mucho menos a condenar a los culpables.
Armando Sosa Fortuny en prision en Camaguey Cuba Foto Alexis Zabaleta
Armando Sosa Fortuny en prisión en Camaguey Cuba. Foto Alexis Zabaleta

La relatora de las Naciones Unidas ni siquiera mencionó nada sobre las violaciones a los derechos humanos o los encarcelamientos arbitrarios por razones políticas. Hasta manifestó que a qué oposición hacían alusión cuando uno de los reporteros le lanzó la pregunta, que ella no reconocía que en Cuba hubiese ningún tipo de oposición política. Raúl Castro tampoco cree que la haya, especialmente porque trasladan en todos los incautados sus causas políticas a razones comunes al aplicárselas las sentencias. La actuación de esta señora deja mucho que desear y hasta habla elocuentemente de cuan turbiamente se manejan las cosas en estos organismos “imparciales”.

La ONU se crea luego de la disolución de la Liga de las Naciones y cuenta con cinco grandes que representan el Consejo de Seguridad Permanente. China, Rusia, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Todo el vasto personal administrativo incluyendo a los “expertos” en derechos humanos, infancia y salud, reciben jugosos salarios mientras viven cómodas existencias en países donde supuestamente hay problemas y se precisa su atención en representación de las Naciones Unidas para evitar calamidades, o impedir violaciones flagrantes a los derechos humanos. Estos salarios salen de los fondos que las naciones económicamente fuertes envían en donaciones. La ONU es pues un gigante burocrático, para nada imparcial, y bien caro que está ahí y esto lo hemos visto en las últimas décadas, para legitimar las injusticias, siempre y cuando vengan del extremismo islámico o de la izquierda unida internacional, también para obstaculizar las acciones de occidente en combatir el terrorismo o en impedir la expansión proselitista y a veces armada del comunismo que llega y posee lo que no le toca siempre con total irreverencia al concepto de propiedad privada.

Es no solo risible sino una ofensa de las peores las palabras de esta mujer que en representación de una organización mundial llega y legitima a una dinastía sanguinaria, usurpadora del poder en Cuba y exportadora del terror y la desestabilización a toda la América Latina. Como si tantos miles de fusilados, prisioneros políticos y exiliados pudieran hacerse desaparecer en un dos por tres y no aportaran en nada con su testimonio.

Esta señora tiene edad suficiente ya para el retiro, pero lo importante es que no reúne los requisitos ni demuestra ser experta en temas de violaciones a los derechos humanos para estar ahí ocupando ese puesto y recibiendo un exuberante salario solo por el hecho de elogiar dictaduras, hacerse la ciega con los oprimidos y encarcelados. No esta señora amerita estar en la fila del workforce buscando empleo o en la de los food stamp, y aspirando a un Plan Ocho.

Claro que esto es una utopía dialécticamente imposible de cumplirse si tenemos en cuanta todos los grandes intereses y poderes de la izquierda a los que ella evidentemente les sirve y por los cuales personas como esta mujer detentan estos puestos claves. La ONU da asco, la dictadura castrista campea por su respeto mientras continua pendiente el justo merecido para todos y cada uno de los criminales que la integran, y el cubano cada vez peor, sin un atisbo de conciencia política y sumido en su apatía observando al venezolano hacer lo que él mismo debió haber hecho desde hace mucho tiempo atrás.

Por un mundo libre de organizaciones parásitas que lucran con nuestros recursos para defender lo indefendible.

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