La muerte real y psicológica de Fidel Castro

    Fidel Castro ha muerto, de eso no hay dudas. No son falsos rumores, de los que el régimen pueda reírse. Esta vez el muerto que vos matáis, si no goza de buena salud. Sin embargo, como predijera el Santo Prelado Antonio María Claret, con su muerte, no llegará la verdadera paz, pero si el cielo se “tornará limpio y azul”. Eso ya se está viendo.
El fallecido dictador de Cuba, Fidel Castro, en su lecho de muerte
El fallecido dictador de Cuba, Fidel Castro, en su lecho de muerte.

Un análisis serio concluye, que la muerte de Fidel Castro, además de ser un hecho físicamente real, también tiene un impacto psicológico, pues fue alguien que creó todo un mito de vida eterna. No se comportaba como los mortales, incluso, por años no admitió públicamente familia, enfermedades, ni nada que lo atara al mundo humano real.

Hoy quedó demostrado que los miembros de la cúpula castrista también son mortales, que biológicamente están en un ciclo terminal, y contra la sentencia del tiempo, su poder totalitario nada puede hacer. Ni tampoco es posible rearmar una nueva maquinaria política que funcione como la maquinaria de los Castro que ya va terminando.

Además, los intereses afloran. Ya es evidente que Raúl Castro pretende dejar de heredero a su hijo, como buen fanático de la dinastía coreana, pero hay militares de alto rango, como Ramiro Valdés, que aspiran a ser presidentes de Cuba, aunque sea por un día. Y sustentan sus aspiraciones a la secuencia de hechos similares en la antigua Unión Soviética, que fueron desfilando todos los históricos, unos detrás de otros, hasta que llegó Mijaíl Gorbachov, quien ya era de una nueva generación.

Ya es predecible que, a corto plazo los líderes de la llamada revolución cubana, llegaran a su fin. Y también se puede predecir que la sociedad cubana no está en condiciones de admitir una nueva dictadura generacional. No es verdad ese apoyo social que se ve en las movilizaciones gubernamentales para supuestamente honrar a Fidel Castro.

Las movilizaciones masivas son una burla a su propia figura, producto de ese engendro que creó el mismo Fidel Castro, la doble moral. Esa misma población es la que burla la disciplina labora, se lleva los materiales de los centros laborales, corrompe la prestación de los servicios, se va en una balsa del país o se queda durante un viaje o misión internacionalista. Esa masa solo está esperando una oportunidad para manifestar su verdadera voluntad.

Fidel Castro esperó muy tarde para morirse. La coyuntura internacional no lo favorece, ni las circunstancias históricas en la que murieron otros, como el “Che”. Se presagia que cuando termine el ciclo de la “revolución cubana” no será ningún atractivo social, al menos en Cuba, ser fidelista.

Raúl Castro está consciente de eso, y sabe que la figura de Fidel Castro no sobrevivirá a su propia revolución, cuando él desaparezca físicamente. Por esa razón, se justifica la cremación de Fidel Castro, para que no existan conflictos sociales y su presencia física no se convierta en rechazos púbicos, como ha sucedido en otras latitudes. Tampoco van a correr riesgo de dejar las cenizas reales en un lugar público, esas cenizas se mantendrán en poder de la familia.

Los seres malos – muy malos – cuando la libertad existe, son olvidados rápidamente por los pueblos. Esos seres solo tienen cabida cuando cuentan con el respaldo ideológico desde el poder. En el caso de Fidel Castro, no solo muere el dictador cubano, sino el mayor referente de la izquierda mundial y su bastión anti americanista por excelencia, por lo que internacionalmente también perderá su vigencia.

La actual corriente que se viene desarrollando en América Latina, y también en los Estados Unidos y Europa complica más la figura de Fidel Castro. Lo que se viene llamando el fenómeno Trump es lo que en un momento dado se produjo en Europa del Este. Una revolución social contra lo establecido, que incluye los medios de prensa y el llamado Establishment.

Si se pierde la base geopolítica, como con la que contó el “Che”, Fidel Castro no tiene asidero en la geopolítica mundial. En un breve tiempo nadie hablará de él, y como no dejó ningún hecho práctico que se pueda seguir implementando, con su muerte se irá su doctrina, que aunque muy efectiva para someter a las masas, cuando la democracia impera, no tiene ninguna utilidad, pero en la actualidad muchos países como Colombia deben cuidarse de esa arma ideológica letal.

Noviembre 30, 2016

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