El venado de la Virgen

Un venado muy acostadito en el patio de la casa de Ezequiel Ignacio Alvarez Sosa en Estados Unidos Foto cortesia de Ezequiel
Un venado muy acostadito en el patio de la casa de Ezequiel Ignacio Alvarez Sosa en Estados Unidos. Foto cortesia de Ezequiel

El caso es que en Jaruco, esa bellísima región del Este y Norte de La Habana, asiento del destino turístico Escaleras de Jaruco, hace muchos, muchos años había una formidable población de venados de los cuales últimamente quedaban solo los que se mudaron a vivir una segunda vida de piedra a la entrada del zoológico habanero.

Uno de esos bellos días de la primavera en que los tarreados cuadrúpedos salen alegres a pastar en los claros del bosque, un cazador del pueblo de Jaruco deseoso de conseguir al fin su presa y mirando a un punto infinito en el cielo prometió: “Virgencita santa, si me ayudas a cazar dos venaos uno será pa mí y el otro para ti”, dijo.

Y apenas habiendo terminado de pronunciar su promesa atisbó pastando en el claro del monte dos venados. Apuntó con su escopeta como lo hacen los buenos cazadores y pum, cayó al suelo herido de muerte uno de los dos venados. El compañero del animal caído, asustado, se lanzó a correr por el monte como un relámpago mientras el astuto cazador jaruqueño miraba atónito y se lamentaba:

“¡Mira como corre el venao de la Virgen, caraj!”

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