El científico Cubano y el cangrejo

El cangrejo, al que ya apenas le quedaban dos patas de un lado de su cuerpo, se arrastró penosamente sobre la larga tabla de la mesa aun con la esperanza de escapar del sádico científico. Y con aquellas sus únicas dos patas restantes, de ocho que inicialmente tenía, el cangrejito logró moverse unas cuantas pulgadas sobre el banco de experimentación.

Cangrejos como protagonistas:

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El científico Cubano y el cangrejo de laboratorio

Cuento Cubano de horror y misterio

El científico (se llamaba Raudel por pura coincidencia) agarró un cangrejo, lo puso en su mesa de laboratorio y de inmediato le arrancó una pata de las 8 que el artrópodo tiene. Devolviéndolo al banco de laboratorio le dijo al cangrejo: “Cangrejito, ¡camina!”

Y el cangrejo, consciente de que le habían arrancado una pata, salió volao no más tocó el banco de trabajo con las patas que le quedaban.

Pero Raudel lo capturó en la huida ¡y le arrancó dos patas más de un tirón! Y lo volvió a poner en la mesa diciéndole de nuevo “Cangrejito, ¡camina!”

Y otra vez el cangrejo salió disparao y adolorido porque le estaban arrancando sus patas sin piedad…
Pero su esfuerzo fue inútil una vez más ya que el “científico” Cubano Raudel lo capturó de nuevo y le arrancó todas las patas de un lado del cuerpo… Y poniéndolo en el banco de trabajo volvió a pedirle al cangrejito que caminara…

El cangrejo, al que ya apenas le quedaban dos patas de un lado de su cuerpo, se arrastró penosamente sobre la larga tabla de la mesa aun con la esperanza de escapar del sádico científico. Y con aquellas sus únicas dos patas restantes, de ocho que inicialmente tenía, el cangrejito logró moverse unas cuantas pulgadas sobre el banco de experimentación.

¡Entonces el científico Raudel atacó de nuevo! Y raudo como el rayo… ¡le arrancó las últimas dos patas al cangrejito! y devolviéndolo a la larga mesa le ordenó:

-¡Cangrejo, camina!

Pero el cangrejo, privado de su locomoción natural con la que Dios le bendijo al nacer, ya no se movió más…

El científico Raudel insistió y le ordenó de nuevo: “¡Cangrejo, camina!” Pero ya no se movió el cangrejo ni con la segunda, ni con la tercera, ni con las sucesivas órdenes para que echara a andar…

Entonces el sabio científico Raudel, quien da la casualidad que era Cubano de Cuba, tomó su tablilla de las anotaciones de los experimentos “científicos” y escribió con trazos claros y remarcados: “Conclusión: cangrejo sin patas no oye”

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